Viña Las Perdices
Ubicada en el corazón de Agrelo, dentro del departamento de Luján de Cuyo, Viña Las Perdices se presenta como un referente de la vitivinicultura en Mendoza. La bodega se asienta en una zona estratégica, a unos 25 minutos de la Ciudad de Mendoza y bajo la sombra de la cordillera de los Andes, aprovechando un terroir que permite la expresión de características muy específicas en cada cosecha. Lo que define a este lugar es su capacidad para integrar la tradición de los pioneros de la región con procesos de vinificación modernos y una búsqueda constante por explorar varietales que se salen de lo convencional.
Identidad y arraigo en Agrelo
La historia de la bodega está profundamente ligada a la herencia de los inmigrantes europeos que transformaron el paisaje mendocino. El nombre mismo de la institución remite a una anécdota de sus orígenes: cuando Juan Muñoz llegó a estas tierras para dedicarse al cultivo de las vides, un grupo de perdices lo acompañaba en sus tareas diarias. Este vínculo con la fauna local y el clima seco de la zona se convirtió en el símbolo de su identidad. La bodega no solo busca producir vino, sino también reflejar ese arraigo territorial, utilizando el esfuerzo y la adaptación al entorno como pilares para construir su porfolio, que hoy incluye cerca de 70 etiquetas distintas.
El proceso y la expresión del terroir
La propuesta de Viña Las Perdices se centra en la innovación técnica aplicada a la identidad del suelo. La bodega utiliza procesos de vinificación que buscan resaltar tanto los clásicos como las exploraciones de variedades menos tradicionales, lo que le otorga una diversidad notable en su oferta. El trabajo en el viñedo es el punto de partida para lograr vinos que capturen la esencia de Agrelo, un área reconocida por su calidad excepcional. La estructura física de la bodega, visible en sus edificios dedicados a la producción, funciona como el núcleo donde se procesa la materia prima recolectada de sus propios viñedos.
Contexto en Luján de Cuyo
Dentro del mapa vitivinícola de Mendoza, esta bodega actúa como un nodo importante en la zona de Agrelo. Su presencia refuerza el carácter de Luján de Cuyo como una región donde la calidad se mide por la capacidad de expresar el terroir en cada botella. Al situarse al pie de los Andes, el entorno natural influye directamente en la lógica productiva, integrando la escala del paisaje con la precisión de la elaboración vinícola. La bodega representa esa transición entre la historia de los primeros viticultores y una industria que mira hacia el futuro a través de la experimentación constante.





