Bodega Sottano
Ubicada en el corazón de Perdriel, dentro del departamento de Luján de Cuyo, la Bodega Sottano representa un punto de referencia para entender la evolución de la vitivinicultura en Mendoza. El establecimiento se asienta sobre un legado familiar que tiene sus raíces en la figura de Don Fioravante, uno de los precursores de la producción de vino en la región. Este trasfondo histórico le otorga al lugar una identidad ligada a la perseverancia y al respeto por las prácticas tradicionales, integrando ese pasado con una infraestructura diseñada para el control meticuloso de la calidad.
El proceso de vinificación y su infraestructura
La bodega opera con una capacidad de producción que alcanza los 925 mil litros, distribuidos en tanques de acero inoxidable de distintos volúmenes. Esta configuración técnica permite un manejo preciso de cada partida, buscando la excelencia en variedades como el Cabernet Sauvignon o el Sauvignon Blanc. La arquitectura interna del proceso combina métodos clásicos y contemporáneos; la sala de vinificación cuenta con elementos diversos que incluyen huevos de concreto, ánforas de barro y fudres, además de barricas de acero, lo que permite experimentar con diferentes dinámicas de fermentación y crianza.
Un componente central de su identidad es su cava subterránea. Este espacio alberga más de 1500 barricas, donde el uso del roble francés (80%) y el roble húngaro (20%) juega un papel determinante en la maduración de sus vinos de alta gama. La presencia de estas estructuras bajo tierra no es solo una cuestión técnica para la regulación térmica, sino que constituye un elemento físico que conecta la producción actual con las técnicas de guarda más tradicionales del país.
Contexto territorial y legado
El entorno de la bodega se caracteriza por su proximidad a la Cordillera de los Andes, un rasgo geográfico que define el microclima de Luján de Cuyo. La estructura de la bodega se sostiene sobre valores de dedicación familiar, manteniendo una escala que permite observar de cerca el trabajo diario en las parcelas y el cuidado de cada etapa del ciclo vitivinícola. Al situarse en la Ruta 7, funciona como un nodo dentro del circuito productivo de Perdriel, conectando la historia de los pioneros mendocinos con las demandas de la industria moderna.
La propuesta se aleja de lo genérico al enfocarse en la especificidad de sus materiales y métodos, desde el uso de ánforas hasta la gestión de sus propias parcelas. Es un espacio donde la elegancia de lo clásico se manifiesta a través del mantenimiento de una identidad que reconoce su origen, pero que utiliza la tecnología para asegurar la precisión en cada botella.





