Rapanui Chocolates
Hay pocos nombres tan arraigados a la identidad chocolatera de Bariloche como Rapanui. La historia de esta casa comienza hace más de siete décadas, cuando Aldo e Inés —una pareja italiana recién llegada al país— eligieron la ciudad andina como su nuevo hogar. En ese contexto de comunidades europeas transplantadas a la Patagonia, fundaron Tronador, que se convertiría en la primera chocolatería de Bariloche. La receta que trajeron del Viejo Mundo encontró aquí un nuevo suelo.
Con el tiempo, la antorcha pasó a la siguiente generación. Diego, hijo de los fundadores, tomó las riendas del negocio a los 19 años y no se limitó a continuarlo: lo transformó. Sin abandonar la identidad familiar, amplió la propuesta y rebautizó la casa como Rapanui, un nombre que hoy evoca tanto la herencia artesanal del sur argentino como un espíritu de renovación constante.
La tercera generación sigue activa, y la marca que comenzó entre las calles del centro barilochense se ha extendido a varias ciudades del país, aunque conserva su esencia patagónica como carta de presentación. El proceso de fabricación apuesta por la artesanalía: los bombones y trufas se rellenan uno por uno, los moldes son clásicos y las temperaturas se respetan con precisión. El cacao se selecciona con cuidado y se trabaja a la manera propia de la casa, porque la diferencia no radica únicamente en el origen de la materia prima sino en lo que se hace con ella.
El catálogo abarca cuatro grandes familias de productos. Los chocolates son el corazón histórico de la propuesta: tabletas con frutos secos, sal y caramelo; versiones amargas y sin azúcar; el chocolate en rama —fino, ligero, que se deshace en capas— y una amplia selección de bombones y trufas rellenos a mano. Los helados artesanales, elaborados diariamente con leche fresca y recetas propias, son la segunda especialidad; el sabor de chocolate amargo al 80% obtuvo reconocimiento internacional de Taste Atlas. A esto se suman la pastelería —alfajores, mil hojas, galletitas— y las pailas y garrapiñadas: frutos secos bañados uno por uno, entre los que destacan avellanas con crema gianduja, pistachos con sal y caramelo en chocolate blanco, y castañas de cajú.
Rapanui lleva décadas como punto de referencia del circuito gastronómico barilochense. No solo porque la calidad de sus productos sea consistente, sino porque visitar la casa donde todo empezó es también un acto de memoria colectiva: recorrer ese espacio es rastrear el momento en que Bariloche se volvió sinónimo de chocolate artesanal en la Argentina. La certificación ISO-IRAM 9001:2015 da cuenta de una gestión industrial que convive con la escala artesanal, algo que pocas chocolaterías del país pueden acreditar.
Para el viajero que llega por primera vez a la ciudad, Rapanui funciona como introducción obligada y como souvenir comestible. Para el conocedor, representa la posibilidad de probar en el origen la receta que después recorrió el país.





