Capilla de San Eduardo
A unos trescientos metros del Hotel Llao Llao y de Puerto Pañuelo, al borde del Circuito Chico, la Capilla de San Eduardo es uno de los monumentos religiosos más singulares de la Patagonia andina. Construida en 1938 sobre terrenos del Parque Nacional Nahuel Huapi, esta pequeña iglesia de piedra y madera es inseparable del paisaje que la rodea: el espejo del lago Perito Moreno al frente, la silueta del Cerro López al fondo y un bosque de cipreses y coihues cerrando el cuadro.
Una obra de Alejandro Bustillo
La capilla es obra del arquitecto Alejandro Bustillo, el mismo que diseñó el Hotel Llao Llao y que marcó con su impronta gran parte de la arquitectura de Bariloche. Su proyecto combina la tradición de montaña centroeuropea con elementos neogóticos: una nave de planta rectangular, muros de piedra patagónica en tonos grises y ocres, y un frente revestido con troncos de ciprés en su color natural. El techo de dos aguas lleva tejuelas de alerce, ese recubrimiento orgánico que se oscurece con la humedad y da a los edificios de la zona su carácter inconfundible. Sobre la fachada principal se eleva un pequeño campanario en aguja que remata la composición con exactitud vertical.
La construcción fue posible gracias a la donación de Juana G. de Devoto, cuya generosidad permitió erigir la capilla en tierras fiscales cedidas por Parques Nacionales.
Arte en el interior
El exterior austero contrasta con la riqueza visual del interior. Los vitrales, realizados por los artistas Forte y Vázquez Málaga, filtran la luz natural en tonos cálidos y fríos que cambian según la hora del día. Uno de los originales fue reemplazado por una réplica ante su deterioro, aunque el efecto del conjunto se conserva.
La pieza central es el retablo donado en 1973 por el pintor Raúl Soldi, una de las figuras más reconocidas de la plástica argentina del siglo XX. El friso, organizado en cuatro paneles dispuestos en cruz, narra episodios de la vida de san Eduardo el Confesor: su piedad, su justicia y su cuidado hacia los más pobres. La paleta de Soldi —ocres suaves, azules y blancos— dialoga con la madera natural y la piedra de los muros, integrando la pintura al espacio sin imponerse sobre él.
San Eduardo el Confesor
El patrón de la capilla es Eduardo el Confesor, el último rey anglosajón de Inglaterra antes de la conquista normanda de 1066. Canonizado en 1161 por el papa Alejandro III, fue venerado durante siglos como modelo de gobernante cristiano: gobernó con equidad, impulsó la construcción de la Abadía de Westminster y fue reconocido por su compasión hacia los vulnerables de su reino. La elección de un santo tan poco frecuente en el santoral latinoamericano sugiere una devoción particular de los fundadores de la parroquia, lo que añade a la capilla una historia singular dentro del mapa religioso de la Patagonia.
La visita
La capilla merece una parada propia en el recorrido del Circuito Chico. Unos escalones de piedra ascienden desde el nivel del camino hasta el atrio, subrayando la presencia del edificio sobre el entorno. Desde allí, la vista hacia el lago y hacia el Hotel Llao Llao revela la perspectiva que Bustillo concibió de forma deliberada: la capilla como remate de la composición arquitectónica del conjunto. La escala humana del edificio, el silencio que conserva incluso en temporada alta y la continuidad visual entre sus muros y las piedras del cerro cercano hacen que la experiencia se acerque más a la de un mirador contemplativo que a la de un gran monumento.





