Lago Meliquina
Situado a poco más de 30 kilómetros de San Martín de los Andes, el Lago Meliquina emerge como uno de los secretos mejor guardados del corredor de los lagos patagónicos. Este espejo de agua, rodeado por la imponente Cordillera de los Andes y densos bosques de coihues, lengas y ñires, ofrece una experiencia de desconexión total que contrasta con el bullicio de los destinos turísticos tradicionales. Su nombre, que en lengua mapuche significa “cuatro rincones”, describe con acierto la geografía de un sitio donde la naturaleza se manifiesta con una pureza sobrecogedora.
El acceso al lago es un viaje en sí mismo. Tras abandonar la mítica Ruta 40 en el paraje Río Hermoso, el camino se interna por la Ruta Provincial 63, un trazado de ripio que serpentea entre montañas y ofrece vistas panorámicas del valle. Al llegar a la cabecera este, se encuentra Villa Lago Meliquina, un asentamiento que nació en la década de 1980 sobre tierras de la antigua estancia de la familia Steverlynck. Lo que comenzó como un loteo pionero se ha transformado hoy en un modelo de convivencia sustentable y respeto por el entorno.
La villa se distingue por su filosofía de bajo impacto ambiental. Al ser un pueblo fuera de red (off-grid), carece de servicios públicos convencionales como electricidad por cable o gas natural. Sus habitantes y emprendimientos turísticos dependen de energías renovables, principalmente solar y eólica, y gestionan su propio suministro de agua mediante perforaciones o vertientes naturales. Esta particularidad, sumada a la ausencia de señal de telefonía celular, refuerza la atmósfera de refugio solitario y paz absoluta. El compromiso con la conservación se extiende al manejo de residuos, bajo una política de “basura cero” que invita a los visitantes a retirar sus propios desechos para preservar la limpieza de este ecosistema frágil.
El Lago Meliquina es el protagonista indiscutido del paisaje. Sus playas de piedras pequeñas y aguas transparentes son ideales para disfrutar durante el verano, ya sea para descansar bajo el sol o para practicar deportes náuticos como kayak, windsurf y kitesurf, aprovechando los vientos constantes de la zona. Para los amantes de la pesca deportiva, el río Meliquina, que nace en el lago y atraviesa el valle, es un destino de renombre internacional. Sus aguas son el hogar de truchas arcoiris y marrones, desafiando a los pescadores con mosca que buscan capturas en un entorno de belleza inigualable.
La ubicación estratégica de Meliquina permite utilizar la villa como base para explorar otros tesoros regionales. Continuando por la Ruta 63 hacia el este, se accede al espectacular Paso del Córdoba, famoso por sus formaciones rocosas erosionadas que parecen castillos naturales. También se encuentran cerca los Pozones del Caleufú, profundas ollas de agua cristalina ideales para nadar, y el Lago Filo Hua Hum, otro rincón de quietud patagónica que conserva su carácter agreste. Visitar el Lago Meliquina es, en definitiva, una invitación a reencontrarse con lo esencial, disfrutando de la hospitalidad local y de una naturaleza que se mantiene, contra todo pronóstico, en su estado más genuino.





