Parque Nacional Iguazú
El Parque Nacional Iguazú ocupa 677 km² en el extremo noreste de la provincia de Misiones, sobre la triple frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay. Su centro gravitacional son las Cataratas del Iguazú: el mayor sistema de cascadas del mundo, formado por entre 150 y 300 saltos individuales —según el nivel del río— que se despliegan a lo largo de 2,7 kilómetros sobre el río del mismo nombre. Aproximadamente el 80% de ese frente de agua cae del lado argentino.
Las cataratas descienden en dos escalones de basalto —de 35 y 40 metros cada uno— hasta alcanzar una altura máxima de 82 metros. Su caudal promedio es de 1.756 metros cúbicos por segundo, aunque en crecidas extraordinarias puede multiplicarse más de veinticinco veces: el 9 de junio de 2014 se registró el récord histórico de 45.700 m³/s. El nombre que los guaraníes dieron al río —y guasú, “agua grande”— no deja lugar a dudas sobre la escala de lo que habían conocido mucho antes que ningún europeo.
La pieza central del sistema es la Garganta del Diablo, un abismo de entre 70 y 80 metros de profundidad y 80 a 90 metros de ancho donde cae aproximadamente la mitad del caudal total del río. Desde el lado argentino, un Tren Ecológico de la Selva conduce a los visitantes hasta el inicio del Paseo Garganta del Diablo, una pasarela de un kilómetro que termina directamente sobre la caída. La experiencia es física antes que contemplativa: el estruendo, la niebla permanente y la vibración del agua conforman un entorno que va mucho más allá de lo visual. El circuito inferior y el circuito superior permiten aproximarse al resto del frente de cataratas desde distintos ángulos, y desde la orilla argentina funcionan excursiones en bote inflable que se acercan a los saltos a nivel del agua. Argentina prohíbe los sobrevuelos en helicóptero por su impacto ambiental sobre la fauna y la flora del parque.
El parque fue creado en 1934 con el objetivo de proteger el entorno selvático que rodea las cataratas. En 1984 fue declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO —con criterios de excepcional belleza natural (vii) e importancia biológica (x)—, reconocimiento que compartió en 1986 el Parque Nacional Iguaçu del lado brasileño. Ambos parques están coordinados dentro del corredor trinacional de biodiversidad del Alto Paraná, que busca conectar áreas protegidas de Argentina, Brasil y Paraguay.
El parque se inserta en la ecorregión de los Bosques Atlánticos del Alto Paraná, uno de los ecosistemas más amenazados del planeta. Entre la fauna protegida figuran el yaguareté, el tapir sudamericano, el ocelote, el oso hormiguero, el águila harpía y el yacaré overo, además de grandes tucanes, el vencejo de cascada —que anida detrás de los propios saltos— y el loro vinoso. El coatí es el mamífero que los visitantes encuentran con más frecuencia en los senderos. La vegetación incluye ceibos cuya flor es la flor nacional argentina, lapachos negros y amarillos, palmitos y el palo rosa, que puede alcanzar los 40 metros de altura.
La zona tiene historia humana que antecede por mucho a la llegada de los europeos: hace 10.000 años la habitaban cazadores-recolectores de la cultura eldoradense, desplazados hacia el año 1000 d.C. por los guaraníes, quienes aportaron nuevas tecnologías agrícolas. El primer europeo en registrar las cataratas fue el explorador español Álvar Núñez Cabeza de Vaca en 1542; en 1609 llegaron las misiones jesuíticas, cuya influencia cultural persiste en la región. La administración del parque está a cargo de la Administración de Parques Nacionales.
Desde Puerto Iguazú —la ciudad argentina de referencia, a pocos kilómetros de la entrada— el acceso es posible durante todo el año. El período de diciembre a febrero coincide habitualmente con las mayores precipitaciones de la cuenca y, en consecuencia, con el caudal más alto y los saltos más voluminosos.





