El Tren del Fin del Mundo de Ushuaia
El Tren del Fin del Mundo es una de las experiencias ferroviarias más singulares de Ushuaia porque reactiva parte del trazado que históricamente usaban los presos del penal para transportar recursos fuera de la ciudad. El operador lo define como un recorrido de 365 días y el sitio oficial lo presenta como una propuesta turística centrada en patrimonio ferroviario y naturaleza. Como primera aproximación práctica, ayuda a ubicarlo como la alternativa que transforma una historia local compleja en una excursión narrada, con escala en varios puntos entre la ciudad y el límite del parque.
La operación actual retoma ese pasado en 1994, luego de décadas de inactividad. Según el sitio oficial, el trayecto original partía del presidio hacia la ladera del Monte Susana y tenía el objetivo de abastecer construcción con madera y piedra. Hoy, el eje de la experiencia está en los tramos más representativos: estaciones, miradas al valle y referencias históricas sobre el trabajo forzado y la vida cotidiana alrededor del ferrocarril.
La Estación Fin del Mundo, situada a unos 7 km de la ciudad, funciona como acceso principal del viaje. Ese punto no solo ordena la salida, sino que abre la narración: quiénes viajaban, por qué existió la línea original y cómo impactó en la economía local. El recorrido también pasa por el Puente Quemado, donde se cruza el Cañadón del Toro sobre el río Pipo y quedan visibles restos de la antigua estructura de madera del puente histórico bajo el tendido nuevo. Esa mezcla de infraestructura nueva y huellas de uso anterior aparece como una lectura material de continuidad temporal.
Un segundo hito es la Estación La Macarena. En el discurso oficial se la identifica como parada histórica de abastecimiento de agua para la locomotora a vapor La Coqueta. La parada incluye un mirador con vista al Valle del Río Pipo, Cerro Guanaco, Cerro la Portada y Monte Susana, y también remite al nacimiento de la cascada La Macarena en la cadena Le Martial. Ese vínculo entre paisaje y relato técnico da a la excursión una densidad poco usual para una visita de corta duración.
Luego, el recorrido se aproxima al límite del Parque Nacional Tierra del Fuego y avanza hacia su interior. El texto oficial del propio operador atribuye al parque una creación en 1960, una superficie de 63.000 hectáreas y una configuración de costa, bosque y montañas, detalle que se traduce en una experiencia donde el paisaje cambia de forma visible en pocos kilómetros. La oferta incorpora explicación geográfica y de flora y fauna a través de guías y audio individual, lo que refuerza su valor interpretativo para quienes no tienen tiempo para una visita prolongada.
En el tramo intermedio aparece el denominado Cementerio de Árboles. Allí se muestran tocones de tala, huellas de aserraderos y una lectura de cómo el bosque fue utilizado para proveer leña a la ciudad. Se menciona además el contexto de turbal, un tipo de suelo orgánico y mineral típico de la región, que amplía la lectura más allá de la postal y conecta con la ecología local.
La Estación Parque Nacional es la última parada y, en temporada de verano, algunos visitantes pueden descender para recorrer el parque y volver en el último tren del día, bajo disponibilidad. En el relato oficial también se aclara que la entrada al parque nacional no está incluida en la tarifa del tren, lo que obliga a coordinar ese acceso de forma separada. La excursión, además, dispone de distintas modalidades de servicio (turista, premium, VIP y chárter) y de un sistema de audio en varios idiomas en coche.
Como complemento de identidad, la página de locomotoras del propio operador lista cinco maquinarias históricas y de apoyo con trayectorias y orígenes diversos, incluidas unidades a vapor y diésel restauradas o remozadas para sostener la operación. Este detalle, más allá de lo técnico, permite leer el servicio como un patrimonio ferroviario vivo: no se trata solo de ver paisaje, sino de comprender por qué y cómo este tramo del ferrocarril terminó incorporándose a la oferta turística de Ushuaia sin perder esa capa histórica.





